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sábado, 28 de enero de 2012

Ni un mes y ya todos encima.

Reiteradas son las veces en que una crítica, a veces la misma, va dirigida hacia el nuevo alcalde de Bogotá: Se dijo que el SITP (Sistema Integrado de Transporte Público) se incorporaría progresivamente desde abril y ahora en julio; que no ha comenzado a subsidiar el agua que prometió, que la 26 y la 10ma siguen siendo un fiasco; que la ley de prohibición de armas desprotegerá a quien lo necesita; ¿para qué un grado 12 si los otros 11 son pésimos?, que negar la construcción como se tenía pensada de la ALO (Autopista Longitudinal de Occidente) va en contra de la movilidad (Peñalosa, Lucho Garzón y Antanas Mockus, ex alcaldes de Bogotá), que el pico y placa cambiaría de forma y eso no ha pasado, que hablar de Tauromaquia desvía la atención de los demás problemas, y todo lo que es cierto hasta un punto.

Por ejemplo: La incorporación del SITP se tenía pensada desde abril porque se tenía proyectada la entrega de la fase 3 del Transmilenio antes de julio, ahora, con los retrasos ya conocidos y el detrimento patrimonial de más de $300 mil millones, además del obstáculo que significa hoy  derrumbar el puente de la carrera séptima con 26 (que no se hizo en su momento porque se venía el Mundial Sub 20) y que durará aproximadamente 6 meses representa un retraso lógico producto de la pésima administración pasada, en mi opinión, culpa de Petro hasta cierto punto, ¿por qué? Porque no podía establecer fechas fijas sin conocer a fondo el problema, pero haberlo conocido en su momento no evitaría más retrasos para incorporar el SITP.
El agua: Está quedado, de la que pudo llamarse propuesta populista ahí está demostrando que lo es, no se han realizado estudios completos en cuanto a población favorecida y cuánto le costaría a la ciudad el regalo del agua. Punto para los críticos.

Grado 12: La propuesta de crear un grado 12 en las instituciones educativas, contrario a lo que piensan algunos, me parece una idea interesante porque no es un grado igual a los otros que representa un escalón para terminar la secundaria, el grado 12 funcionaría como un nivel en el cual se adquieren niveles técnicos con una certificación que indicaría haber cursado 2 semestres en una especialidad determinada, es decir, el grado 12 es un comienzo de universidad, y como en Bogotá la educación en colegios distritales es gratis, y éste grado se ve desde su planeación propuesto en el colegio, también sería gratis.

ALO: La construcción  de la ALO, que lleva más de 30 años en discusión, es un tema complicado, complicado por las prontas respuestas que necesita la ciudad en materia de movilidad, cada día hay más carros, 130 mil carros nuevos ingresarían a la capital, y no hay cómo ponerlos a andar. El problema se centra en la negativa de Petro a pasar las retro cavadoras por el humedal la conejera, el Alcalde dice que la ciudad no ha pensado su construcción en contra del calentamiento global. La ALO se construirá, pero no los 8 carriles que se pensaban, serán 4 y se utilizará el Tranvía.

Decreto de prohibición de armas: Sugiere que la ciudadanía se desproteja, pero si nos vamos a la teoría, si no hay armas, no hay muertos por armas, ¿esa sería la lógica no? Las muertes serían por otra cosa, pero a eso le apostaron los electores de Petro, a una ciudad con otra mentalidad.

El Pico y Placa: Se ha dicho que 14 horas de restricción dos veces por semana fue una decisión absurda porque impulsó la venta de carros, la gente compró otro carro para que el Pico y Placa no lo coja todos los días. Esto entonces, restringir el uso del vehículo por dos días en lugar de mejorar la movilidad generó que haya más carros. Petro prometió que este sistema iría disminuyendo progresivamente, y hasta ahora no se ha hecho, mi pregunta: ¿Es conveniente dejar este sistema sabiendo que no hay vías con las cuales responder a la mayor cantidad de carros que circularía por Bogotá?

Tauromaquia: En la última entrevista que dio Gustavo Petro a  Caracol Radio, dejó clara su intención de utilizar la Plaza de Toros de La Santamaría para otros eventos culturales como conciertos, obras de teatro, no se utilizaría para deporte. Asimismo no pretende prohibir las corridas porque la constitución ampara el desarrollo de estas prácticas “de la muerte” como las califica Petro; lo que pretende el Alcalde es que hayan corridas pero sin muerte del toro. En cuanto a si es cortina de humo para los demás problemas, no me parece correcto afirmarlo, pues si bien han hecho escándalo por eso los últimos días, la ciudad no ha perdido de vista qué es lo que necesita prontamente: Más y mejores vías, que disminuya la inseguridad, que aumenten las posibilidades de empleo, no más contratación a dedo, tal vez por eso el nombramiento de Navarro Wolf como secretario de Gobierno.

Y quedan temas pendientes como el San Juan de Dios, la jornada única en los colegios distritales, inclusión social de población LGBT y muchos más.

No hay que perder de vista que no va ni un mes desde que Petro asumió como Alcalde de la ciudad, y más de uno quiere que en este tiempo vuelva a Bogotá en un paraíso, Petro, como se decía en el programa Hora 20 de Caracol Radio, ha sido tal vez el único alcalde sin luna de miel, es decir, desde el primer día tenía a los medios y a sus antiguos contrincantes encima. A personajes como Enrique Peñalosa, Gina Parody y otros contradictores del Alcalde de la ciudad no les queda sino aceptar su derrota, que no dejen su posición crítica, que hagan oposición pero que dejen gobernar.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Un hincha indignado

Ésta es una especie de columna-crónica (me acabo de inventar eso) de lo que vive un hincha en el estadio el Campín.

El ingreso de las barras al estadio El Campín para un partido clase A, que hace referencia a un clásico o unas instancias finales, se hace regularmente 4 horas antes de la hora del juego. La gente animada llega con bombos, banderas, sombrillas, papel picado, y lo más importante: Con la camiseta puesta. Se hacen las requisas respectivas y los dueños de las banderas corren por un lugar en los frentes de oriental, los de sur ya están asignados, en occidental casi no hay, y en norte, según el equipo local las ponen o no.

Los jefes de las barras colocan banderas, sombrillas, ruanas, ponen las maletas o lo que se les ocurra para apartar los puestos. Media hora, o cuarenta minutos luego que las barras hayan entrado se abren las puertas del estadio para la otra parte público. Ni los periodistas deportivos de la ciudad que dicen estar con el fútbol capitalino llegan tan temprano. Y la gente, que no gana un peso por ir a ver un partido deja lo que tiene que hacer por ir. 26 mil pesos la boleta en oriental, casi lo que hoy el banco de la república en reunión con muchos otros aprobaron para el aumento del salario mínimo.

Entonces imaginemos eso, tratemos de entenderlo, 4 horas previas al encuentro y ya hay gente en el estadio, preparando la fiesta, poniendo las banderas, apartando los puestos de aquellos que dejan para última hora la entrada al estadio. ¿Qué ocurre antes de comenzar el partido? Los hinchas corren por conseguir un lugar cómodo, les dicen que ya están apartados, algunas veces se insultan, la policía mira, solo mira. 

Los equipos llegan al estadio, de a poco se van llenando las tribunas, comienzan los cantos, la gente está ilusionada por ver un triunfo, luego de un rato los jugadores salen a calentar, se gritan sus nombres, se aplauden, se cantan, ¿y al equipo rival? Lo chiflan. 


Va a  comenzar el encuentro, ambos equipos en la cancha y rueda el balón. ¿Qué pasará por la mente de los jugadores? Por la de los hinchas está claro: Tenemos que ganar, pero por la otra parte no sabemos, o por lo menos yo no lo sé, entonces, cuando el equipo no funciona, las cosas no salen como el hincha espera, viene lo que menos se puede pensar cuando las cosas salen mal: “A GANAR, SÍ SE PUEDE, ADELANTE”. Ese es el mensaje general de todos los cánticos, se anima, se da fuerza, se empuja. El hincha, si pudiera, se metería en la cancha para jugar, llevaría el balón hasta el otro arco, ¿por qué?: POR AMOR, eso representa para el hincha su equipo de fútbol, una pasión, un gusto, un esfuerzo, una alegría, y nuestro caso, para el fútbol bogotano, hoy,  una tristeza. ¿Quién nos da fuerza cuando nos sentimos derrotados?, ¿quién nos da la palmada en la espalda y dice: Vamos pa´adelante? El papá, la mamá, un amigo, un hermano. ¿Quién reconforta a un equipo que pierde? Un hincha, solo un hincha, ni los periodistas que se vanaglorian de su capacidad para generar opinión, crear conciencia y todo lo que se supone deben hacer, se encargan de darle esa palmada en la espalda al equipo, porque son ellos, los hinchas, quienes 4 horas antes están ahí, armando todo, aguantando tempestades, insolaciones, malos tratos, algunos hasta hambre por ver al equipo, y ¿para qué?,  para otra vez consolarse con la gastada y barata consolación: El otro año será. Por favor, una hinchada que no ha visto campeón a su equipo en más de dos décadas no puede seguir premiando el fracaso con eso, la mayoría dice: Es que los directivos bla bla bla, ¿y qué con los directivos?, lo de ayer en Barranquilla y hoy en Bogotá no tiene nada que ver con los directivos, LOS JUGADORES, ellos, quienes no saben por lo que tiene que pasar un hincha para conseguir una boleta y con eso pagarles el sueldo, no, ellos no lo saben, y si lo saben, no lo demuestran. Usted señor lector me dirá: Y acaso ¿usted sabe lo que pasa en la mente del jugador?, claramente no, no lo sé, pero estoy seguro que a ese jugador no le interesa saber lo que hace su hinchada por ir a verlo, o me va a decir que salir cagado de la risa luego de la eliminación es un gesto de sentir la camiseta, de entender al hincha, bien ido José Adolfo Valencia, que se largue.

Al finalizar el encuentro en Bogotá se oyen unos tímidos aplausos en oriental. En este momento reconozco que salí de mis casillas, lo único que se me vino a la mente fue gritar, gritar desesperado y herido: ¿Por qué aplauden?, ¿aplaudir qué?, ¿que perdimos?, 36 años con la misma vaina para que salgan con ni mierda, no sienten la camiseta, nos aguantamos el aguacero de ayer, algunos dejaron de trabajar por venir, ¿para que salgan con ni mierda? ¿Para qué?, ¿para qué? No sé si fue la fuerza de mi voz o el dolor de hincha que tenía en ese momento la razón por la que voltearon a verme y dejaron de aplaudir. Luego de eso, peor que salir chiflado, el equipo salió sin oír nada, el silencio desgarrador que viene luego de perder.

La mayoría abandonó el estadio rápido, pitó el juez, la ilusión ida y abrazando la consolación, algunos a los que nos cuesta asimilar la derrota nos quedamos sentados, comenzaron a sonar gritos y estruendos. Aquellos que se hacen llamar hinchas botaban y pateaban las vallas de seguridad, botan piedras hacia donde estaban los seguidores del Caldas, no sé si habrán hecho algo más, no lo vi. Agarrado a los barrotes y viendo como alborotaban todo, cómo esa gente expresaba su ira producto de la desazón de la derrota pateando cosas y agrediendo gente volví a gritar: Ustedes no son hinchas, ¿para qué lo hacen?, no vuelvan al estadio, no se merecen volver. Luego de eso, una mujer que trabajaba en la logística muy decentemente me pidió el favor de abandonar el estadio, le respondí que a dónde me iba, a donde están rompiendo cosas? Ella contestó que solo saliera de la tribuna, que me quedara dentro del estadio. Hice caso, iba saliendo y había un policía, de esos que cuando se presentaron inconvenientes antes y durante el partido, solo miró. “Aprendan a perder” me dijo. Con el dolor más grande, con la ira que me provocó sus palabras me di vuelta y respondí: ¿Aprenda a perder?, ¿le parece que esto es no saber perder?, ¿le parece entonces que los que están afuera haciendo un mierdero saben perder?, ¿usted por qué habla de saber perder?, respete el dolor de un hincha, respételo, haga valer su uniforme, salga y haga algo, pero no, como le queda grande. Afuera había llegado un carro tanque, policía metropolitana, en fin, cerraron las puertas del estadio para evitar problemas. Ahí estuvimos más de una hora.

El dolor de la derrota es grande, y más cuando se da a punto de una final. Reconocer nuevamente el acompañamiento de la hinchada (que va al estadio), que alienta, que sufre, que llora, que vence dificultades para ir a ver a su equipo, pero esto no puede continuar, Bogotá necesita títulos, no pañitos de agua tibia como la Copa Postobon, no consolaciones de participación en copas internacionales, necesita estrellas en su escudo, necesita salir campeón.